domingo, 13 de abril de 2008

Romeo Murga, el poeta adolescente

El joven que aparece junto a Neruda en la sórdida pieza que vemos en la fotografía, es Romeo Murga, el poeta adolescente.
Esa miserable habitación representa el mundo de los poetas de la generación literaria de 1920, ahí están dos de aquellos jóvenes poetas de ese tiempo, las dos caras de una época única en la poesía chilena. Neruda, la cumbre de esos escritores y Romeo Murga, el poeta arrebatado por la muerte demasiado temprano.
Al ver esta imagen, que nos parece tan lejana, no podemos dejar de preguntarnos si esa miserable pieza es la de Maruri, la pensión de pobre inmortalizada en Crepusculario, “la del maravilloso crepúsculo de cobre”, o quizás la paupérrima habitación de García Reyes, cercana a la escuela de pedagogía en Cumming esquina Alameda.
Romeo Murga nace en 1904, en Copiapó. En 1920 realiza el viaje bautismal de los adolescentes provincianos a santiago. Viene a convertirse en maestro y se inscribe en la escuela de pedagogía, lugar en que se estaba gestando la generación de recambio en la poesía de nuestro país. Ahí conoce a los espíritus cercanos, los inolvidables amigos y compañeros junto a los cuales dejaría una huella imborrable en la historia literaria de Chile: Pablo Neruda, Armando Ulloa, Rubén Azocar, Eusebio Ibar, Víctor Barbieris, Yolando Pino Saavedra y varios mas.
Pronto se revela dueño de una sensibilidad poética singular y fina, Sus versos contenidos y dignos, su poesía solemne y medida, eran el reflejo de su propia melancolía. “Alto, excesivamente delgado, de rostro moreno, pálido y de ojos verdes. Hablaba poco, reposadamente, preocupado de algo que no era de este mundo” así lo describe el escritor Gonzáles Vera. Pero todo contrastaba con la desbordante pasión que sugería veladamente en su poesía, la lucha entre sensualidad y castidad, una característica del poeta Paúl Verlaine, y que Murga tomaba adaptándola a su obra. Era ligeramente triste, callado y melancólico, imagen que corresponde, convencionalmente por cierto, a lo que debía ser un poeta.
Eran los años de algarabía estudiantil, de huelgas y discusiones políticas, de la mítica revista “Claridad”, fundada por el también legendario Alberto Rojas Jiménez. Igualmente era el tiempo en que la bohemia se vivía cada día y cada noche en el “Zum Rheim”, en el “Hércules”, en la “Ñata Inés”, y en muchos bares y tabernas que ya entraron en la historia literaria de chile y que son parte importante para comprender el modo en que inventaron una generación marcada por la amistad y la muerte, ligada íntimamente a la noche y los excesos.
Muy pronto Romeo Murga comienza a escribir en las revistas de la época, particularmente en “Claridad”, donde participaban la mayoría de sus amigos. Traducciones, critica, poesía. Por las noches bohemia y fraternidad, junto a esa generación consumida por las pensiones y dilapidada en los bares. Pero algunos poetas llevan estampada en la frente la palabra mala suerte, con caracteres invisibles, y varios de ellos fueron silenciados por el alcohol y la miseria.
“amar, leer, escribir” estas eran las palabras con que suplían sus escasos y frágiles momentos de alegría, sabiendo que no podían pedir mas, solo entregar su profunda sensibilidad.
“mis alegrías nunca las sabrás hermanita, y mi dolor es ese, no te las puedo dar: vinieron como pájaros a posarse en mi vida, una palabra dura las haría volar” escribe Neruda en ese tiempo.
En 1923 Romeo Murga obtien el primer premio en la fiesta de la primavera, por su “Poema de fiesta”. Un triunfo en sus últimos años de estudiante y en el comienzo de su labor como profesor en el liceo de Quillota, su vuelta a la provincia.
El profesor adolescente enferma de tuberculosis (enfermedad que se había convertido en el flagelo clásico de los poetas) mientras cumple su labor en Quillota.
Obligado por el padecimiento debe abandonar el puesto y busca mejores aires en el apacible pueblito de San Bernardo. Se instala junto a su madre y hermana, que le demuestran verdadera devoción y lo cuidan con esmero.
San Bernardo a esas alturas tiene una innegable connotación literaria, unos años antes de la llegada de Murga, se había instalado una colonia “Tolstoiana”, liderada por Manuel Magallanes Moure. También el maestro del cuento social, Baldomero Lillo, había llegado a morir entre su gente
“Mi madre esta diciendo que me muero de fiebre / no es verdad, hoy he viajado por ciudades remotas / quizás dentro de poco mi espíritu se quiebre / por este mar donde llevo mis alas rotas” así escribe el poeta durante su convalecencia.
Estremece oírlo hablar así en su enfermedad, en sus ultimas fuerzas recuerda al “albatros” de Baudelaire, espejo de los poetas que quieren abandonar un mundo donde no tienen cabida.
El poeta adolescente esta muriendo, y su poesía sigue siendo el mismo canto esencial que revolucionaron la poesía moderna, los temas eternos: el amor, los celos, la muerte. que tomara de la inspiración de Rimbaud y Baudelaire.
La hermana relata sus últimos momentos, nos cuenta que esperó tranquilo el fin, dictó sus últimos versos y aceptó una muerte que no ambicionaba, pero que finalmente vendría a poner fin a sus desgracia. Una muerte digna de un poeta, de un ser que apareció silencioso entre su generación, iluminando por un breve instante con la lámpara de sus versos la vida de aquellos jóvenes marcados por el infortunio y el desconsuelo.
Romeo Murga aun no cumplía los 21 años cuando se extinguió su canto, el 22 de mayo de 1925, una tibia tarde de otoño, la estación amada por el poeta adolescente.
El escritor Ángel Cruchaga lo recuerda y rinde un homenaje elegiaco, en uno de sus “poemas al pueblo de san bernardo”
“aquí vino a morir Romeo Murga, / pálido joven de cristal herido. / aquí oyó un horizonte / de pájaros creando la mañana/ y entre sus manos la canción caía/ como calida esencia derramada.”
21 años después de su muerte, su hermana Berta, depositaria de su obra, decide publicar su obra fundamental, “El canto en la sombra”. Por este libro podemos medir el alcance de la poesía de Romeo Murga, entrar en su mundo y ver el mundo desde su estetica, palpar el clima de esos años con la melancolía de un poeta adolescente, y sentir por única vez, como fueron esos años de privaciones, donde se desarrolló la poesía mas cercana al ideal romántico en nuestro país.

“toda mi poesía, oh amada, no es mas que eso/ el vasto nombre ardiente de amor con que te llamo. / Estas en mis cantares, bella y eterna y sola. / mostrando tu divino modo de ser hermosa. / ¡las que se inclinen sobre mi río de canciones/ solo verán al fondo tu imagen temblorosa!"

Mi voz no es mas que el eco” de El canto en la sombra